Hace tiempo supe escribir. Redactaba cuentos, poemas sin forma ni rima, y participaba en certámenes de escritura o algo así. Ahora no sé bien por qué motivo me he levantado de la cama para comenzar a teclear esta entrada... incluso mis dedos han olvidado cómo teclear aquello que pienso... ¿o lo que pienso se detiene a ser escrito?
He dejado pasar muchos años desde la última vez que escribí algo. En aquel entonces comenzaba a ser sincera conmigo misma y con la persona que más me cautivaba. Él me ayudó a aceptar cosas en mí que nunca antes había tenido el valor ni la libertad de ver y revelar. Ahora vuelvo a sentir miedo y a tener ganas de correr por no sé bien qué motivo. No es el mismo que años atrás.
No quiero salir corriendo por cobardía, como antes. Quiero correr porque siento que tengo demasiadas cosas por hacer y el tiempo no me va a alcanzar. Tengo demasiados pendientes -escribir es uno de ellos- y si no concluyo todas las cosas que hay en mi lista, puede que entonces no haya avanzado un ápice entre la confusión de mis años 20's y mi presente, en la tercer década de mi vida.
No quiero correr como si estuviera llena de osadía, la verdad estoy aterrada, pero no tengo tiempo ya de quedarme pasmada en el terror, mi hija necesita de un héroe, y me he empecinado en tomar ese lugar a partir de ahora y para siempre.
Ahora solo tengo que encontrar fuerza y constancia, dos cosas que siempre, testarudamente, he negado tener. He de dejar el caos disforme y, por más trabajo que cueste, crear un caos multiforme y funcional, del cual han de emanar resultados tangibles... transmisibles. He de escribir como lo hice y ahora lo hago.
Mar Saldaña