domingo, 20 de octubre de 2013

Triste


Cuando al quererlo la suerte
se mezclan a nuestras vidas,
de la ausencia o de la muerte,
las penas desconocidas,

y, envueltos en el misterio
van, con rapidez que asombra,
amigos al cementerio,
ilusiones a la sombra,

la intensa voz de ternura
que vibra en el alma amante
como entre la noche oscura
una campana distante,

saca recuerdos perdidos
de angustias y desengaños
que tienen ocultos nidos
en las ruinas de los años.

Y que al cruzar aleteando
por el espacio sombrío
van en el ser derramando
sueños de angustia y de frío

hasta que alguna lejana,
idea consoladora,
que irradia en el alma humana
como con lumbre de aurora,

en su lenguaje difuso
entabla con nuestros duelos
el gran diálogo confuso
de las tumbas y los cielos.



                                                         de José Asunción Silva

sábado, 19 de octubre de 2013

Del adiós


He pensado en la plática que tuve anoche con una recién conocida. Una charla sobre el adiós y sus conjuros. Acerca de cartas finales redactadas para ser enviadas con las últimas palabras que salen de una meditación alterada. También se mencionaron algunos golpes de conclusión en medio de conversaciones, los mismos que nacen de esa cólera que no cabe en las entrañas.

Yo no di golpes. No escribí cartas. No conjuré tormentos. Si acaso mencioné un último adiós, más a necesidad de escucharme decir algo que de verdad entender que el momento era una despedida absoluta. Mi mente alterada no tuvo tiempo para hilar más allá de una palabra, creí que después podría vomitar todas las otras que aparecían en el mismo instante. No hubo ese instante del más tarde. 

Dejé correr los días con las palabras macerándose en odio y rencor, les di tiempo para que cubrieran mi realidad, las creí y entonces llegaron a la calma. 

Para cuando recordé que estaban guardadas ya era un momento ridículamente inexistente para hacerlas pronunciarse. La historia de esa despedida no existe, sin embargo ese adiós es lo más real que tengo de aquellos días. Eso le da un rasgo de verdad a mi vida. Lo agradezco.

jueves, 10 de octubre de 2013

La marcha de los chicuarotes.

Se dice que la gente de los pueblos del sureste de la capital de México es muy aguerrida, en particular aquella de San Gregorio Atlapulco en Xochimilco y los milpanecos (delegación Milpa Alta). Ahora mismo se ha formado una marcha con profesores, alumnos y padres de familia provenientes de esos pueblos que apoyan al movimiento del CNTE (domingo 29 de septiembre de 2013, a las 13:00).

Es la primera vez que me toca ver una marcha por estos rumbos. La apatía se ha ido [¿?]. -------  No, no lo creo. La apatía sigue donde siempre ha estado, casi casi como elemento distintivo del la identidad mexicana. En el mitin que presencié caminaban en primera fila niños de entre 7 y 9 años de edad con pancartas y cartulinas; la consigna que gritaban era: ¡Educación gratuita! ¡Educación gratuita! Dudo del convencimiento con que lo hacían. Detrás de ellos marchaban al rededor de 3000 personas. Tal vez las cosas cambien. Sin embargo, este no es un comentario político.

La razón por la cual este fue el primer contingente que se congregó para demandar una solución es fácil: los sangregoreños no piden, resuelven a machetazos (por dejar la imagen más clara). Eso de sentarse a dialogar no les ha rendido buenos frutos. 

Cuenta la historia que por ahí de los años 60 llegó a San Gregorio una invasión de paracaidistas. En el inicio habrá sido un par de familias. Luego cinco. Después diez, tal vez más. Llegaron a ocupar un terreno baldío en que solían jugar fútbol los lugareños. La invasión fue rápida y, así igual, el asalto del coraje a la comunidad.

Poco después hubo una noche en que carros de bomberos cruzaron la ciudad. Venían desde los alrededores del mercado de Sonora hasta Xochimilco. Se detuvieron en San Gregorio, justo frente al terreno baldío. Alguien había iniciado un incendio en los cuartos de láminas de cartón de los paracaidistas. ------- Problema resuelto.

Algunos asuntos necesitan chispas poquito más fuertes, punto.